Ponchielli1834 – Nacimiento en Paderno Fasolaro, hoy Paderno Ponchielli (cerca de Cremona, Italia) del compositor AMILCARE PONCHIELLI. Estudió en el Conservatorio de Milán; sus maestros de composición fueron Frasi y Mazzucato. Mientras seguía la carrera de organista y director, compuso varias óperas sin éxito, entre ellas I Promessi Sposi (1856), la cual fue revisada en 1872 e I Lituani (1874) compuesta por encargo de Ricordi. Su más grande realización fue la elaborada La Gioconda (1876) con libretto de Arrigo Boito, la cual entre sus óperas permanece hoy en repertorio. Los melodramas siguientes Il Figliuol Prodigo (1880) y Marion Delorme (1885) nunca alcanzaron el mismo nivel de éxito. En 1880, se convirtió en profesor de composición del Conservatorio de Milán, donde entre sus alumnos se encontraban Puccini y Mascagni. Ponchielli, además, compuso canciones, música sinfónica y de cámara, siendo autor del “Himno a Garibaldi”. El maestro PONCHIELLI falleció en Milán, el 17 de enero de 1886.

Fuente:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA

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Francesco Tamagno1905 – Fallecimiento Varese (Italia) del tenor FRANCESCO TAMAGNO a los 54 años de edad. FRANCESCO TAMAGNO había nacido en Turín (Italia) el 28 de diciembre de 1850. Luego de una audición con el maestro Pedrotti, que se convertiría en su profesor, obtuvo una plaza de corista en el Teatro Regio de su ciudad natal. En 1870 consiguió la parte comprimaria de Nearco en Poliuto, y agregó allí un si agudo tan potente que llamó la atención de la audiencia. Posteriormente recibió lecciones de Farro, Candini y Bonola, pero entre 1871 y 1872 tuvo que abandonar toda actividad para hacer su servicio militar.
En 1873 retomó papeles comprimarios en Turín, pero en enero del año siguiente ya obtuvo un resonante éxito como Riccardo en Un ballo in maschera, en el Teatro Bellini de Palermo. Inmediatamente siguieron Il guarany y el protagonista de Poliuto en La Fenice de Venecia.
En 1875-1876 fue solista en el Liceo de Barcelona, al cantar Ernani, y en 1877 Don Carlo. En diciembre de 1877 debutó en La Scala con L’ africaine, ópera que al año siguiente interpretó en el viejo Colón de Buenos Aires. Otros títulos cantados en el principal coliseo milanés fueron Don Carlo, Le Roi de Lahore, y el estreno mundial de Maria Tudor de Carlos Gomes. En 1880 cantó por primera vez el Radamés de Aida.
En el ápice de su carrera tuvo un repertorio integrado por títulos como Les Huguenots, Simon Boccanegra, Guillermo Tell, Le Prophète, Il Trovatore, La Juive, La Gioconda y Lucrezia Borgia, que alternaba con Poliuto, Ernani, Don Carlo, Aida y L’ africaine.
Entre las salas de jerarquía en que actuó en ese período fundamental de su carrera se destacaron el San Carlos de Lisboa y el Real de Madrid, en 1885-1886. En La Scala fue protagonista del Otello verdiano, en el estreno mundial de la ópera, en 1887.
A partir de ese momento, y teniendo en cuenta el resonante éxito obtenido en ese papel, fue considerado el mejor tenor de su generación. En años sucesivos, haría conocer al Moro en las principales salas del mundo.
También se interesó por los trabajos de los compositores contemporáneos -la llamaba “Giovane Scuola”-. Participó en representaciones de Asrael, de Franchetti (1899); Edgar, de Puccini (1891); y en el estreno de I Medici, de Leoncavallo (1893).
Antes había debutado en el Metropolitan durante una gira de la compañía, el 11 de diciembre de 1889, como Arnoldo (Guillermo Tell). Luego fue Manrico (Trovatore); Radamés (Aida); Otello; Raúl (Les Huguenots); Vasco da Gama (L’ africaine); Fausto (Mefistofele); Edgardo (Lucia di Lammermoor); Turiddu (Cavalleria rusticana); Samson y Juan de Leyden (Le Prophète). Totalizó más de ochenta funciones en el Met.
También cantó Andrea Chénier en Rusia y Argentina. Mantuvo inalterada su condición vocal hasta el fin de su vida. Lo demostró en exitosas funciones de Guillermo Tell y Otello, en La Scala, en 1899, en el Covent Garden en 1901, en el Argentina de Roma, y en el San Carlo de Nápoles, en 1904.
Se retiró en 1905. Al poco tiempo tuvo un infarto, y le sobrevino luego un ataque cerebral que lo hizo sucumbir en Varese, el 31 de agosto del mismo año.
Las principales características de su voz fueron un privilegiado registro agudo, unos centros corpóreos y sonoros y un timbre por lo general incisivo y vibrante.
Al comienzo de su carrera se le acusó de tener una permanente tendencia a sobreactuar, o a llegar sólo superficialmente a los personajes. Por otra parte, si bien el fraseo era elegante y los fiatos extendidos, tenía una marcada preferencia por cantar fuerte.
A esto se le debe agregar que, como todos los divos de su tiempo, intercalaba toda clase de agudos y cadencias arbitrarias en las arias de repertorio.
Con motivo del estreno de Otello, el propio Verdi no escondía las reservas que le merecía su protagonista. A causa de ello, él mismo se encargó de prepararlo musicalmente. Posteriormente se dijo que prefería al uruguayo José Oxilia en ese papel.
Otro problema de Tamagno era de índole musical: aprendía los papeles fatigosamente, “de oído”, lo que lo hacía muy impreciso en la medida y un poco menos en la afinación. Sin embargo, después de Otello, su estilo cambió ostensiblemente: surgieron las medias voces, las frases esfumadas, las “messe di voce”.
Si bien realizó sus grabaciones después de los cincuenta años, las mismas lo muestran dueño de sus posibilidades vocales. Grabó dieciocho discos para la Gramophone & Typewriter de Milán.

Fuente:
Patrón Marchand, Miguel – 100 GRANDES CANTANTES DEL PASADO

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Ramón Vonay1911 – Nacimiento en Chillán (Chile) del tenor RAMÓN VINAY (Ramón Mario Francisco Vinay). Su padre era francés y su madre chilena. Los primeros estudios de Vinay se desarrollaron en el Escuela Normal de Chillán, para luego trasladarse con su familia a Francia, donde completó su educación. Entre las actividades formativas que cumplió se puede citar la de violinista en la orquesta del conservatorio. Su historia en relación al canto partió en la ciudad de México donde se instaló con los suyos. Se trasladó al país azteca en 1928 para trabajar en el negocio de su padre. Después se presentó a un concurso de aficionados donde fue notado por un miembro de la Opera de la capital mexicana. Luego de estudiar con José Pierson debutó en el Teatro Nacional el 16 de septiembre de 1931 como el Rey Alfonso XI (La Favorita). Otros personajes surgidos en la cuerda de barítono después de un paréntesis de siete años (1938) fueron Amonasro (Aida), Barnaba (La Gioconda), el Conte di Luna (Il Trovatore), Scarpia (Tosca), Silvio (Pagliacci), Germont (La Traviata) y Rigoletto.
A doce años de su debut, Vinay se dirigió hacia el repertorio dramático de tenor. Su primer acercamiento a este terreno se produjo en México (junio, 1944) con el moro verdiano. El Don José (Carmen) le sirvió para hacerse conocer en City Center de Nueva York (septiembre, 1945) y en el Metropolitan en febrero de 1946. A fin de ese año abordó el Radamés (Aida) con motivo de una gira de la compañía. En diciembre de 1946 se presentó como el protagonista de Otello, mientras que en febrero de 1948 cantó Canio (Pagliacci) y Julien (Louise). En noviembre de 1949 encarnó a Samson y a fines del año siguiente apareció su primer personaje wagneriano para el público neoyorquino: Tristan. El próximo fue Tannhäuser en diciembre de 1953. En 1954 fue Herodes (Salomé) y a principios de 1957 cantó Loge (Das Rheingold), Siegmund (Die Walküre) y Siegfried (Götterdämerung). En marzo de 1958 abordó Parsifal. En las últimas etapas de su carrera en el Met interpretó Egisto (Elektra, 1961) y Don Bartolo (Barbiere di Siviglia, 1966).
Convertido en un favorito de los Estados Unidos, Vinay se incorporó a la Opera de San Francisco en 1949, nuevamente a través de Don José. En 1950 fue Tristan junto a la Isolde de Kirsten Flagstad. Ese mismo año fue el moro para la Desdemona de Tenata Tebaldi. En 1951 se repitió el capolavoro verdiano con una distribución similar a la de Toscanini (Nelli y Valdengo), esta vez con la conducción de Cleva. Un paréntesis se abrió hasta 1965, cuando volvió en la modalidad de barítono para encarnar al Doctor Schön en Lulú de Berg. También hizo allí su primer Don Bartolo. En 1966 fue Varlaam en Boris Godunov y se acercó (por primera vez en Norteamérica) al Falstaff verdiano.
Vinay debutó en La Scala el 26 de diciembre de 1947. Se inauguraba la temporada con Otello bajo la dirección de Victor De Sabata y su nombre fue sugerido cuando Beniamino Gigli se negó a abordar el personaje principal. Los coprotagonistas fueron Maria Caniglia y Gino Bechi. La empresa se repitió en febrero de 1949, esta vez con la Desdemona de Tebaldi. Los milaneses conocieron inmediatamente su Don José con la Carmen de Fedora Barbieri. Con esta misma cantante coprotagonizó Samson et Dalila en enero de 1950. En septiembre de ese año viajó con la compañía al Covent Garden para tres presentaciones de Otello (Tebaldi, Bechi). En 1951 fue Griska en La Leyenda de la Ciudad Invisible de Kitej de Rimsky-Korsakov. En abril de 1952 regresó a Samson (dirigido por De Sabata) para la Dalila de Barbieri y en mayo de 1954 protagonizó Cyrano de Bergerac de Alfano junto a De’Cavalieri y Panerai. En el mismo mes de 1955 cantó por última vez Samson en Milán, esta vez con la Simionato.
Vinay también triunfó en otras prestigiosas salas italianas: San Carlo de Nápoles, Lírico de Turín y Opera de Roma. Su fama quedó establecida a través del rol de Otello, que cantó doscientas cincuenta veces a lo largo de su carrera. El moro también lo introdujo en Salzburgo (1951) además de París y Niza (1958). A partir de 1952 se convirtió en habitual huésped de Bayreuth, encarnando hasta 1957 las partes de Tristan, Parsifal, Siegmund y Tannhäuser; en 1962, hizo su único papel baritonal: Telramund de Lohengrin. El Covent Garden, que ya lo había oído en Otello, lo apreció en ítems wagnerianos desde 1953 a 1960. Allí también cantó Iago (1963), Amfortas (1965), Michele y Gianni Schicchi (1966). En Marsella fue Siegmund (1959).
Ramón Vinay debutó en su patria en 1948 a través de exitosas presentaciones de Otello (Caniglia y Damiani) y Carmen (Barbieri, Rina Gigli y Damiani), presentándose en 1951, 1952 y 1956. En 1966, el Teatro Municipal realizó primer Festival Lírico donde Vinay (ya instalado en la cuerda baritonal) fue un puntal, esta vez como Scarpia. En 1967, actuando también como regista, fue Escamillo (Carmen) y Falstaff. En 1969 Vinay cantó Iago en Otello y se reservó el último acto para vestir las ropas del protagonista. Fue su adiós a la escena.
En el Teatro Colón se presentó en 1958 cantando un histórico Otello dirigido por Sir Thomas Beecham (Stella y Taddei), además de Samson et Dalila. Vinay falleció en Puebla, México, el 4 de enero de 1996.
Este artista chileno de notable proyección internacional tuvo sus primeros brillos y su ingreso definitivo a la fama a raíz de la transmisión del Otello verdiano por la NBC neoyorquina (diciembre, 1947) dirigido por Arturo Toscanini. Ese acontecimiento no sólo tuvo importancia por la aparición de un protagonista ideal, sino que afianzó a Vinay en una cuerda que lo recibía con reticencia y que le permitía moverse en un medio limitado. Los aplausos premiaron las magníficas condiciones expresivas, la musicalidad y el carisma, sin importar mayormente la cortedad del registro, la nasalidad y la dureza de su emisión. Se privilegió siempre la vigorosa declamación y la fina delineación de cada uno de sus personajes.
El peregrinaje de Vinay por la cuerda de barítono se produjo antes y después de las glorias tenoriles (Canio, Tristan, Samson, Don José, además del citado Otello). En la mitad del camino el artista se encontró muy cómodo con algunas partes wagnerianas que aprendía con encomiable esmero y a las que podía llegar a través de un volumen considerable. Ese tenor wagneriano encontró más eco que el barítono intérprete de Scarpia, Iago o Falstaff, a los que faltaba densidad vocal. Siempre fue difícil ubicar a Vinay en una clasificación definitiva, lo que poco importó a la legión de sus admiradores. El pasaje por papeles como el Don Bartolo rossiniano fue bastante controvertido. Allí, la ausencia del enfoque belcantístico fue un factor primordial para el resultado más modesto.

Fuente:
Patrón Marchand, Miguel – CALLAS Y 99 CONTEMPORANEOS

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1938 – Estreno en el Theater am Schiffbauerdamm de Berlín de la ópera en un prólogo y ocho escenas “DIE DREIGROSCHENOPER” (La ópera de tres centavos) de Kurt Weill; con libretto de Bertold Brecht, basado en la traducción de Elisabeth Hauptmann de The Beggar’s Opera de John Gay. Intérpretes de la premiére: Bahn, Kohl, Lenya, Valetti, Paulsen, Ponto, Gerron, dirigidos por Mackeben.

Fuente:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA