1787 – Estreno en el Teatro Nacional de Praga de la ópera en dos actos DON GIOVANNI (originalmente Il Dissoluto punito, ossia Don Giovanni) de Wolfgang A. Mozart; con libretto de Lorenzo Da Ponte, basado en el libretto de Giovanni Bertati para El convidado de piedra de Giuseppe Gazzaniga; basado a su vez en la leyenda de Don Juan.
Intérpretes de la premiére: Saporiti, Micelli, Bassi, Baglioni, Ponziani, Lolli.

Fuente:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA

Libreto bilingüe italiano-español:
Website Kareol – http://www.geocities.com/Vienna/Choir/7652/juan/juan.htm

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1837 – Estreno en el San Carlo de Nápoles de la ópera en tres actos ROBERTO DEVEREUX de Gaetano Donizetti, sobre libreto de Salvatore Cammarano, basado en la tragedia “Élisabeth d’Angleterre” de Jacques-Arsène Ancelot.
Intérpretes de la premiére: Ronzi-de Begnis, Granchi, Basadonna, Barroilhet.

Argumento: La acción se desarrolla en Londres a finales del siglo XVI. Roberto Devereux, conde de Essex, es acusado de traición por sus enemigos. Pero la reina Isabel, que ha sido su amante y lo ama todavía, no piensa firma la sentencia que los pares han dictado contra él. Inesperadamente, Roberto se muestra frío con ella, y ello induce a la reina a sospechar que hay otra mujer. Aumentan las sospechas cuando se descubre que Devereux lleva puesta una bufanda de seda bordada, evidente prenda de amor. Ha sido Sara, la duquesa de Nottingham, quien le ha regalado la bufanda. Pero no se trata de un amor culpable, como cree el marido, que fue quien reconoció la bufanda. De jóvenes, Roberto y Sara se habían querido; luego, Roberto había partido y Sara no esperaba su regreso. Durante la ausencia había muerto el padre de Sara, y la reina la había casado con el duque de Nottingham, a pesar de sus protestas. La prenda es un voto por su buena fortuna en el peligro que lo amenaza. Isabel firma la sentencia, segura de que Essex le devolverá el anillo que lleva en el dedo y que ella misma le dio: con él tendría derecho al perdón. Efectivamente, el condenado entrega el anillo a Sara para que lo lleve a Isabel. Pero Nottingham, por celos, retrasa a propósito la misión de su mujer. Los duques llegan ante la soberana cuando ya es demasiado tarde. Isabel, desesperada e indignada por el retraso, considera a los duques culpables de la muerte de Roberto; a quien ella, a pesar de las apariencias, quería salvar. Los culpables serán condenados por su delito.

Fuente:
Bertelé, Antonio [et al.] – La ópera: enciclopedia del arte lírico

Libreto bilingüe italiano-español:
Website Kareol – http://www.geocities.com/ubeda2002/devereux/devereux.htm

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Jon Vickers1926 – Nacimiento en Prince Albert (Canadá) del tenor JON VICKERS. Quiso estudiar medicina pero no encontró una plaza en la universidad. Se convirtió en solista de iglesias en Winnipeg y cantó en la opereta Naughty Marietta. Sus estudios de canto se desarrollaron en el Royal Conservatory de Toronto y estuvieron guiados por George Lambert. En esa ciudad debutó como Il Duca di Mantova (Rigoletto, 1954). Hasta 1956 fue integrante de la Canadian Opera Company y ese año se presentó en Stratford (Ontario) como Don José en Carmen y el Coro Masculino en The Rape of Lucretia de Britten. El protagonista bizetiano también lo llevó a Toronto con señalado éxito. También intervino en una Aida (1964) junto a Marilyn Horne y participó en una Dama de Pique en el Festival de Ottawa. En 1957 estaba pronto para debutar en el Covent Garden de Londres como Riccardo (Ballo in Maschera). La principal compañía británica lo mantuvo en sus elencos hasta 1969 y le permitió lucirse en los protagonistas de Don Carlo, Peter Grimes, Samson (de Haendel), Enée (Les Troyens), Radamés (Aida), Canio (Pagliacci), Florestán (Fidelio) y Giasone (Medea). Desde los inicios de su actividad londinense tuvo ocasión de cantar junto a artistas como Callas, Gobbi, Christoff, Brouwenstijn y Shuard.
Vickers debutó en Bayreuth n 1958 como Siegmund en Die Walküre y volvió en 1964 como el protagonista de Parsifal. El Festival de Salzburgo lo aplaudió por primera vez en 1966 a través de Don José (Carmen) y regresó para exhibirse en las ropas de Tristan y Otello. Fue muy apreciado por el público de La Scala cuando llegó en diciembre de 1960 como Florestán (Fidelio) con la batuta de Karajan y la participación de Nilsson, Hotter, Frick y Lipp. Un año después acompañó a Callas en las que serían sus postreras presentaciones en esa sala con Medea (repartidas en dos períodos hasta junio de 1962) y posteriormente regresó a la compañía para presentar sus principales éxitos del campo alemán. El tenor trató de no frecuentar el repertorio peninsular de Italia. También cantó en Génova.
En Estados Unidos se presentó en la visionaria Opera de San Francisco (1959) y sorprendió a la audiencia con su matizada interpretación de Radamés junto a la promisoria protagonista de Leontyne Price. Poco después fue un pujante Don José. Antes de terminar ese ciclo exhibió su intenso Canio (Pagliacci). Regresó en 1960 para algunas reprises de Carmen (Madeira y Zanasi) y Aida (Rysanek, Dalis y Weede). Volvió al War Memorial en 1963 para Die Walküre (Shuard, Ericsdotter, Resnik y Wolovsky) y un año después cantó Fidelio junto a Nilsson y Evans además de Sergei en Katerina Ismailova de Shostakovich. Terminó esa actividad con una repetición de Carmen coprotagonizada por Resnik y Lorengar. En 1966 regresó el Don Carlo verdiano junto a Tozzi, Watson, Glossop y la inadecuada Eboli de Marilyn Horne. Otra actividad descollante en esa temporada fue la reposición de Les Troyens de Berlioz con un elenco integrado por Régine Crespin como Didon y Cassandre. Por último hubo una Carmen con Grace Bumbry. En 1968 viajó con la compañía a Los Angeles y un año después participó en algunas reprises de Aida encabezadas por Gwyneth Jones. Vickers volvió a la ciudad del Golden Gate para reiterar su Walküre (Knie, Rysanek y Sotin) y mostrar su intenso Peter Grimes en compañía de Harper y Evans, bajo la dirección de John Pritchard.
Vickers debutó en el Metropolitan de Nueva York el 17 de enero de 1960 como Canio (Pagliacci). En la misma temporada cantó Siegmund (Walküre) y Florestán (Fidelio). En 1960/61 se mostró como Don José en Carmen y Radamés en Aida. En 1965 aparecieron Erik (Die Fliegende Höllander), los protagonistas de Otello y Samson et Dalila y Hermann (La Dama de Pique). En 1967 hizo conocer su Peter Grimes, mientras que en 1973 fue Enée (Les Troyens). En 1974 cantó su célebre Tristan, además de Laca (Jenufa). Volvió al repertorio italiano en 1975 con Don Alvaro (Forza del destino). Los últimos roles agregados a la lista del Metropolitan (hasta 1993) fueron Vasek (La novia vendida) y el protagonista de Parsifal. Vickers debutó en Chicago en 1960 con Die Walküre y en la misma temporada fue Florestán y el Andrea Chénier. En Sudamérica fue estrella del Teatro Colón de Buenos Aires donde se lució en magníficas puestas de Carmen (Bumbry, Carlyle y Merrill), Pagliacci (Carlyle) y Padmavati de Roussel. Su consagración definitiva en Argentina se produjo a través de un inolvidable Tristan und Isolde coprotagonizado por Birgit Nilsson (1971). Dentro del ámbito latinoamericano se recuerda su actuación en México con Otello (1965) junto a Milnes, quien debutaba en Iago. Cantó en Francia (Opera de París y Festival de Orange, 1965/82) sus roles favoritos: Riccardo, Parsifal, Otello, Nerón, Samson, Florestán, Canio, Tristán y Grimes.
Tenor dramático de poderosos medios vocales, fue también un cantante-actor de formidable proyección. Carismático e intenso, se inclinó por los personajes sufridos y rechazados por la sociedad, logrando conquistar a los públicos de las principales salas del mundo. Supo dar un tremendo vigor a la última escena de Pagliacci y fue un intenso Florestán y un Tristan de antología. Su físico imponente le ayudó para personajes como Samson. Versátil e idiomático, se paseó con comodidad por los repertorios alemán, francés, italiano, inglés, eslavo y centroeuropeo en un alarde que no tuvo antecedentes ni ha conocido herederos en la hora actual. Aun así (y como ha sucedido con otros grandes cantantes) no pudo encontrar la espontaneidad del canto peninsular. De todas maneras, su acercamiento a Radamés, Don Carlo y Don Alvaro fue exitosa e impactó por el poder de compenetración, sinceridad de fraseo y musicalidad. Su Otello, fuertemente contrapuesto a la versión de Mario Del Monaco, ha tenido muchos admiradores y demostró que dentro de un marco de sobriedad tambiéne se puede llegar a un logro supremo.
Vickers fue prudente con sus incursiones wagnerianas, y si bien triunfó como Siegmund, Tristán y Parsifal, se abstuvo de encarnar a Tannhäuser y Siegfried. El Florestán beethoveniano encontró en él un intérprete ideal. Sin embargo, con el correr de los años la parte comenzó a resultarle pesada a raíz de su ardua tesitura. En su juventud no eludió obras como El Mesías y Samson de Haendel y podía afrontar con facilidad las agilidades que esas obras conllevan. Su Peter Grimes no tuvo rivales durante toda una generación y su Don José fue toda una institución de canto intenso y mesurado a la vez. Otro de los papeles exitosos de Vickers fue el Giasone de la Medea de Cherubini, que cantó junto a Maria Callas en Dallas (1958 y 1959), Londres (1959), Epidauro (1961) y Milán (1961 y 1962). Sin estar especialmente dotado para el papel en el plano vocal, supo ser un destacado partenaire de la irrepetible protagonista. Esta feliz conjunción fue muy útil para el tenor y le significó un espaldarazo en varios teatros de primera categoría. También tuvo relevancia para Callas, ya que logró compartir el escenario con un artista que le hacía el correcto contrapeso a su trágica Medea.
La voz de Vickers poseía una rara calidad y resonancia, especialmente en el registro central. Los agudos nunca fueron espectaculares, aunque siempre los emitía con relativa facilidad hasta el Si bemol. En muchas ocasiones abría la zona del pasaje hasta el Fa sostenido para conseguir sonidos voluminosos. Su técnica de canto se apoyaba en el efecto de “bostezo”, lo que no siempre dio como resultado la producción de sonidos agradables. La dicción en cualquier idioma fue correcta pero estuvo sometida a esa emisión que menospreciaba las consonantes en beneficio de las vocales. Algo parecido le ocurría a Joan Sutherland, aunque con distinto resultado. Richard Tucker, en cambio, privilegiaba las consonantes.

Fuente:
Patrón Marchand, Miguel – CALLAS Y 99 CONTEMPORANEOS

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1939 – Fallecimiento en Roma (Italia) del tenor GIULIO CRIMI a los 54 años de edad. GIULIO CRIMI había nacido en Paternó (Catania, Italia) el 10 de mayo de 1885. Estudió con Adernó en Catania. Debutó como Hagenbach (Wally) en Treviso, 1912. En el Covent Garden como Avito (Amore dei Tre Re, 1914); creó el rol de Paolo (Francesca da Rimini) Turín, 1914. Debutó en el Metropolitan como Radamés (1918), interviniendo en cuatro temporadas, donde cantó: Rodolfo, Chenier, Turiddu, Canio, Alfredo, Milio (Zazá) y creó los papeles de Rinuccio y Luigi (Trittico, 1918). También actuó en Chicago, Milán y Roma. Se presentó en el Teatro Colón en las temporadas 1916-21 y 24 (interpretando a Arrigo, Chenier, Radamés, Canio, Rodolfo, Don Alvaro, Edgardo, entre otros). Tito Gobbi se contó entre sus alumnos.
Giulio Crimi, si no fue, por su parte, uno de los grandes tenores del momento, ocupó un lugar apreciable en la lírica mundial a favor de una voz plena, bella y brillante y un canto cálido, comunicativo. En el Metropolitan actuó en varias temporadas con éxito significativo en tiempos de Caruso, a quien el tenor siciliano tomó como modelo.

Fuentes:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA
Valenti Ferro, Enzo – LAS VOCES – TEATRO COLON: 1908-82

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1956 – Estreno en el Teatro Colonial de Boston de la operetta en dos actos CANDIDE de Leonard Bernstein, sobre libreto original de Lillian Hellman, letras de las canciones por Richard Wilbur, John Latouche y Dorothy Parker, basada en la novela de Voltaire.
Intérpretes de la premiére: Cook, Petina, Rounseville, Adrian, Olvis, dirigidos por Krachmalnick.

Fuente:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA

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Franco Corelli2003 – Fallecimiento en Milán (Italia) del tenor FRANCO CORELLI a los 82 años de edad. FRANCO CORELLI había nacido en Ancona (Italia) el 8 de abril de 1921. La voz de CORELLI fue la de un típico tenor spinto, resonante y llena de vibraciones. No forzó sus medios tratando de enfrentar partes ajenas a sus posibilidades. En un principio el color era más oscuro y carente de suficiente brillo pero ya se destacaba por la amplitud del sonido, que a veces se resentía por una exagerada cobertura del pasaje. En esos días su canto carecía de flexibilidad y había muchas notas duras. Su línea de canto no era interesante y recurría mucho a los efectos demagógicos de antaño. Luego de su famoso Il Pirata milanés (1958, con Callas) se notó un esfuerzo en mejorar el fraseo, acercándose a la vez al repertorio más agudo que se había quedado huérfano al acabarse las grandes voces del pasado. En ese período CORELLI cuidó más su tendencia a los sonidos “caprinos” y en gran medida logró controlar ese defecto. Sin embargo su voz nunca fue enteramente adecuada para los preciosismos belcantísticos, las frases con dinámica muy variada y el canto matizado de los personajes líricos. En cuanto a su temperamento debemos decir que, contrariamente a los enfoques intelectuales de un Domingo, estuvo librado a un instinto que no siempre le ayudó en la búsqueda de los diferentes estilos. Por eso fue el polo opuesto de artistas como Carlo Bergonzi, quien a cambio de cierta falta de arrojo supo dotar a las obras que abordó de una cuota relevante de musicalidad y cuidado estilístico.
Los consejeros de CORELLI lo empujaron a empresas imposibles como la ópera francesa (Faust, Werther y Romeo et Juliette) y a personajes puccinianos (como Rodolfo) a los que no podía llegar a través del enfoque vocal o una compenetración interpretativa espontánea. A causa de estos errores CORELLI ha sido un cantante muy criticado, quizá en demasía, ya que hay que respetarlo y admirarlo como un fenómeno vocal comparable sólo a Gigli. Por otra parte, ambos fueron los últimos en poder dar entregas verosímiles de Andrea Chénier, un personaje que en las últimas décadas cayó en la más absoluta orfandad a pesar de haber sido abordado por los principales tenores.
Fue alumno del Liceo Musical Rossini de Pesaro y en 1950 ganó un concurso organizado por el Maggio Musicale Fiorentino. En 1951 debutó como Don José en Carmen en Spoleto. Su debut en La Scala fue como Licinio en La Vestale (1954) junto a Maria Callas. En la Scala cantó entre otros roles: Loris de Fedora (1956) con Callas; Radamés de Aida (1956/57); Canio de Pagliacci (1957); Gualtiero en la reposición de Il Pirata con Callas y Bastianini (1958); Calaf en Turandot con Birgit Nilsson (1958/59); Andrea Chenier (1960); Poliuto con Callas y Bastianini (1960); la reposición de Les Huguenots con Simionato, Sutherland y Ghiaurov (1961). En el Covent Garden debutó en 1957 con Cavaradossi de “Tosca”. En el Metropolitan debutó con Manrico de Il Trovatore con la también debutante Leontyne Price (1961); interpretando hasta 1974: Calaf (en una Turandot dirigida por Stokowski junto a Nilsson y Moffo), Don Carlo, Enzo de La Gioconda, Andrea Chenier, Ernani, Cavaradossi, Maurizio di Sajonia de Adriana Lecouvreur, Rodolfo de La Boheme, Don Alvaro de La forza del destino, Turiddu de Cavalleria Rusticana entre otros. Su apostura de galán fue aprovechada por Rudolf Bing para la reposición de Romeo et Juliette (1967) a pesar del divorcio total entre su modalidad y la esencia del canto francés. Su romance con el público del Metropolitan continuó con Don José de Carmen (1968), una rara incursión en el Edgardo de Lucia di Lammermoor (1971) y Werther (1971). A partir de ese año cantó en diversas ciudades de Estados Unidos, en la Arena de Verona, en el San Carlos de Lisboa, en Londres y Viena hasta 1976. Luego actuó muy poco y dio su último recital en 1981.

Fuentes:
Patrón Marchand, Miguel – CALLAS y 99 CONTEMPORANEOS
Wikipedia – La enciclopedia libre