1608 – Primera representación en el Teatro della Corte de Mantua de la tragedia en un prólogo y ocho escenas “L’ARIANNA” de Claudio Monteverdi (1567-1643); con libretto de Ottavio Rinuccini (1562-1621). Intérpretes: Virginia Ramponi Andreini, Settimia Caccini, Antonio Brandi, Sante Orlandi. De esta obra de Monteverdi sólo se conserva el lamento de Arianna: “Lasciatemi morire”, el resto de la ópera se ha perdido.

Fuente:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA

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Riccardo Zandonai1883 – Nacimiento en Sacco di Rovereto (Trentino, Italia) del compositor RICCARDO ZANDONAI. Estudió con Mascagni en el Liceo Musical de Pesaro. Presentado en 1907 por Boito a Giulio Ricordi, quien promocionó su ópera “Il Grillo del Focolare” (1908), con la esperanza de encontrar en Zandonai al sucesor de Puccini. A esta primera obra siguieron: “Conchita” (1911, según La femme et le Pantin de Pierre Louys); “Francesca da Rimini” (1914, según texto de Gabriel d’Annunzio); “Giulietta e Romeo” (1922), “I Cavalieri di Ekebú” (1925, según la novela “Gösta Berling” de Selma Lagerlöf). RICCARDO ZANDONAI falleció en Pesaro (Italia), el 12 de junio de 1944. Como compositor de diversas óperas (también de una “Misa de Requiem”, un “concierto romántico” para violín, una obra coral, “El Regreso de Odiseo”, e impresiones orquestales), Zandonai continúa la línea de la ópera verista, sin acercarse al campo de los experimentos modernos. Ciertamente, el realismo musical de este autor no es ya el verismo brutal y sin escrúpulos de los primeros éxitos de Mascagni, sino un estilo de ópera ennoblecido mediante una ornamentación orquestal rica en colores y motivos. Así supo interesar con sus obras a entendidos y profanos iluminando los probados medios tradicionales siempre de una manera personal e interesante.

Fuentes:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA
Jacob, Walter – EL ARTE LIRICO

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1904 – Reestreno en el Teatro Grande de Brescia de la ópera en tres actos MADAMA BUTTERFLY de Giacomo Puccini (1858-1924), sobre libreto de Giuseppe Giacosa (1847-1906) y Luigi Illica (1857-1919), del drama de David Belasco basado en un cuento de J. L. Long. Intérprestes: Salomé Krusceniski, Giovanni Zenatello, Giuseppe de Luca. Dirección: Cleofonte Campanini.

Fuente:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA

Libreto bilingüe italiano-español:
Website Kareol – http://www.geocities.com/ubeda2004/madama/madama.htm

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Nicola Rescigno1916 – Nacimiento en Nueva York (Estados Unidos) del director de orquesta NICOLA RESCIGNO. Estudió con Pizzetti,  Giannini y Polacco, luego realizó una gira por Estados Unidos con la Opera de San Carlo (debut, “La Traviata”, Academia de Brooklyn, 1943). Fue el cofundador y director artístico de la Lyric Chicago Opera (1954-56) y de la Opera de Dallas (desde 1957). Rescigno ha estado estrechamente asociado con las actuaciones y grabaciones de María Callas. Debutó en el Metropolitan Opera de Nueva York dirigiendo “Don Pasquale” (con Beverly Sills) en 1978.  Otras óperas que dirigió en dicho teatro : “L’elisir d’amore” (1980), “L’italiana in Algeri” (con Marilyn Horne y Rockwell Blake, 1981, “La Traviata” (1981-82).
Rescigno también ha dirigido en la Opera de San Francisco Opera. Se ha presentado en los principales teatros líricos de Italia, y ha sido invitado para dirigir en Glyndebourne, Londres, París, Viena, Zurich, Buenos Aires, entre otras ciudades.
NICOLA RESCIGNO falleció en Viterbo (Italia) el 4 de agosto de 2008.

Fuente:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA

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Dietrich Fischer Dieskau1925 – Nacimiento en Zehlendorf (cerca de Berlin, Alemania) del barítono DIETRICH FISCHER-DIESKAU. Su verdadero nombre es Albert Dietrich Fischer. Diskau fue agregado al apellido original por el abuelo en 1937. Estudió canto en la capital alemana con Georg Walter y luego con Hermann Weissenborn en la “Hochschule für Musik” de esa ciudad. Sus primeras inquietudes habían sido convertirse en un actor, un director de orquesta o un Heldentenor. LLamado pronto al frente fue hecho prisionero en Italia y llevado a un campo de concentración. Allí continuó entrenándose como autodidacto e hizo algunas presentaciones dentro y fuera del establecimiento de detención. Terminadas las hostilidades volvió a su antiguo profesor Weissenborn y en 1947 hizo su debut oficial en Freiburg con el “Requiem alemán” de Brahms. Al año siguiente se presentó por primera vez en un escenario lírico (la Opera del Estado de Berlín) como el Marqués de Posa (Don Carlo), personaje que le quedaba como anillo al dedo y al que sabía dar un supremo señorío a través del canto y el juego escénico. En 1949 aparecieron en su repertorio un elegante Don Giovanni y un autoritario Almaviva (Nozze di Figaro). También Wolfram (Tannhäuser), Valentin (Faust), Ford (Falstaff), Marcello (Bohème) y el Landgrave (Santa Isabel de Liszt). La actividad de la Opera del Estado de Berlín de la dividida ciudad lo tuvo como favorito de creciente popularidad y se lució en las “Semanas de otoño”, donde fue ovacionado en cada presentación. Sus condiciones innatas y cultivadas de músico y actor se fueron perfeccionando y los años posteriores vieron triunfos como el Renato (Ballo in Maschera, 1956/57) Matías el Pintor de Hindemith (1959) y las memorables presentaciones de Wozzeck (1960), aparte de las presentaciones con la compañía en el Teatro Champs-Elysées de París como Almaviva (1956). Además de la actividad berlinesa, se presentó asiduamente (desde 1949) en la Opera del Estado de Munich con roles mozartianos antes aludidos y en las obras de Richard Strauss que tan bien se avenían a sus medios (Arabella, Salomé y Capriccio). Nuestro barítono creó en esta compañía el complejo papel de Mitenhofer en Elegía para jóvenes amantes de Henze. Fischer-Diskau se presentó por primera vez en Bayreuth en 1954 y durante un período relativamente breve cantó los papeles del Heraldo de Lohengrin, Wolfram, Kothner y Amfortas. Dos años antes había participado en los Festivales de Salzburgo, donde cantaría hasta 1978 papeles como Almavivam, Wotan (Das Rheingold), Don Alfonso y Mefistófeles (Damnation de Faust de Berlioz). Llegó al Covent Garden de Londres con Mandryka (Arabella, 1965). También fue muy aplaudido en Viena en conciertos y funciones líricas. En Italia nunca intentó rivalizar con los colegas de ese origen. Aun así fue invitado por la RAI en 1956 para protagonizar el Guillermo Tell rossiniano (un gran logro) e hizo muchas giras de concierto. La galería de personajes de Fischer-Diskau es una muestra de su característica versatilidad. Además de Don Giovanni y Almaviva supo ser un agudo Don Alfonso en Cosí fan tutte, el Orador de Zauberflöte y Barak en Die Frau ohne Schatten. Siempre admiró a Verdi y le hizo todos los honores en acabadas encarnaciones de Rodrigo, Falstaff y Renato. En Wagner descollaba sólo en los requerimientos más líricos, pero supo dar vida a Kurwenal, Hans Sachs y al Wotan de Das Rheingold. Su musicalidad acrisolada lo hizo ideal para la literatura del siglo XX, como la mencionada obra de Henze, en Lear de Reimann (Munich, 1978, estreno mundial), Doktor Faust de Busoni, el Matías de Hindemith y el Wozzeck de Berg. Los Estados Unidos lo conocieron mayormente a través de los discos. Debutó allí el 15 de abril de 1955 en Cincinnati con el “Requiem alemán” de Brahms y el 24 de marzo de 1974 se presentó como director de la Orquesta Filarmónica de Los Angeles. Otras agrupaciones han estado bajo su sólida conducción. Kenneth escribió una biografía suya publicada en 1981. Fischer-Diskau se retiró definitivamente en 1993 por motivos de salud. El arte de este barítono alemán iluminó el firmamento de la música durante cuatro décadas y se lo puede considerar como una de las piedras angulares del arte canoro de su generación. Poseyó un sentido musical único y en el terreno del Lied ha tenido pocos colegas a su estatura. Dominó con talento el factor idiomático de las obras que afrontó y es destacable la manera en que manejó las lenguas italiana y francesa. Con sorprendente facilidad pudo transitar por estilos diversos y logró dejar una profunda huella como cantante de teatro lírico, aunque sin llegar a las profundidades histriónicas de colegas como Tito Gobbi. Los escenarios concertísticos de todo el mundo no se cansaron de aplaudirlo y su acercamiento al micrófono fue exhaustivo, habiendo dejado un legado imperecedero para todo admirador de la música. Su privilegiada voz de barítono neto fue hermosa, penetrante, sonora y colorida. La perfecta técnica aplicada al noble órgano permitía un juego de dinámica que siempre obedecía al sentido del texto. También exhibió un sabio dominio del pasaje, las notas altas (sin problemas hasta el La) y de uno de los trinos masculinos más perfectos que jamás se hayan escuchado. La presencia de este cantante (que dividía a la perfección los empeños en recitales y funciones líricas) fue muy útil para enseñar a una legión de melómanos que “canto de cámara” no significa poca voz o desmayada expresión. Gérard Souzay se refugiaba en entregas intimistas que muchas veces sonaron algo lánguidas. Fischer-Diskau, en cambio, supo dar el carácter adecuado (y camerístico) tanto a la estrella vespertina de Tannhäuser, que interpretaaba como nadie, como a los personajes que deben ser diferenciados con vigor y versatilidad en “Erlkönig” de Schubert. El amor y el respeto de Fischer-Diskau por el canto italiano no sólo se manifestaron con el esmero que puso a las encarnaciones de Rigoletto, Renato, Rodrigo, Scarpia y Macbeth, sino que Beniamino Gigli y Giuseppe De Luca estuvieron entre sus ídolos. Piensa que el arte canoro peninsular está íntimamente ligado con el paisaje (algo con lo que concordamos) pero también que hay cantantes de tipo itálico que pueden provenir de otras latitudes. Admira a Maria Callas por su extraordinaria musicalidad y lamenta no haber concretado una versión de Macbeth con su Lady en los años sesenta.

Fuente:
Patrón Marchand, Miguel – CALLAS Y 99 CONTEMPORANEOS

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1938 – Estreno en el Stadttheater de Zurich de la ópera en siete cuadros “MATHIS DER MALER” de Paul Hindemith (1895-1963), sobre libreto del compositor, basado en la vida de Matthias Grünewald. Intérpretes: J. Hellwig, L. Funk, A. Stig. Dirección: R. F. Denzler.

Fuente:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA

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Elena Suliotis1943 – Nacimiento en Atenas (Grecia) de la soprano ELENA SULIOTIS. Estudió en Buenos Aires y Milán; debutó como Santuzza (San Carlo, Nápoles, 1964). Su debut en Estados Unidos fue en la Chicago Lyric como Elena (Mefistofele, 1965). Debutó en Florencia como Luisa Miller (1966); su debut neoyorquino fue como Anna Bolena (en versión de concierto) y en La Scala como Abigaille. También cantó en el Covent Garden y en el Teatro Colón de Buenos Aires (La Gioconda, 1966 y Anna Bolena, 1970). Soprano “spinto” que recibió de la naturaleza dones vocales privilegiados en materia de cantidad y extensión, aunque no aristocráticos como calidad. Con este envidiable bagaje, antes de organizar sus recursos y canalizarlos por vía de la indispensable disciplina vocal, y acompañándolos solamente con un vehemente temperamento dramático, Suliotis se lanzó a un temible repertorio de fuerza en el que fue desgastando su impresionante patrimonio vocal y su vitalidad, porque siempre cantó, por lo menos entre nosotros, con total desprecio por el cuidado de sus magníficos medios. Qué no habría alcanzado esta cantante si hubiera adquirido oportunamente la técnica vocal digna de sus dones, si con recursos, diríamos primarios era capaz de obtener los resultados que obtenía y conquistar en la escena lírica mundial el lugar espectable de que disfrutaba cuando regresó a la Argentina, en la que había transcurrido parte de su niñez y su adolescencia y donde había iniciado su formación. Se ha dicho que Callas la señaló como su sucesora y lo damos por cierto, porque pocas cantantes como Suliotis han tenido medios naturales como para recibir esa corona. En otros aspectos, entre ella y Callas había una diferencia abismal.
ELENA SULIOTIS falleció en Florencia (Italia) el 4 de diciembre de 2004.

Fuente:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA
Valenti Ferro, Enzo – LAS VOCES, TEATRO COLON: 1908-82

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Maria Bayo1963 – Nacimiento en Tudela (Navarra, España) de la soprano MARIA BAYO.  Comenzó su formación musical en el Conservatorio Pablo Sarasate, donde su primera intención era estudiar guitarra. Al no haber plazas para esta especialidad, y dado que cantaba en la coral de Cintruénigo, decidió comenzar a estudiar canto.1 En este periodo tuvo como profesora a Edurne Aguerri y ofreció sus primeras actuaciones como solista con el Orfeón Pamplonés, la Capilla de Música de la Catedral de Pamplona o en los conciertos a beneficio de Unicef. En el año 1985 se traslada con una beca del Gobierno de Navarra a Alemania, para profundizar sus estudios en la Hochschule für Musik de la ciudad alemana de Detmold con Arthur Janzen.2 Un año después, en la primera edición del Concurso Internacional de Canto Julián Gayarre, fue galardonada con una bolsa de estudios, el mismo premio que consiguió en el concurso Francisco Viñas.3 La consagración internacional le llegó en el año 1988, al conseguir el primer premio en el concurso Belvedere de la Ópera de Cámara de Viena,4 junto con otras diez menciones en la misma competición, lo que le abre las puertas de los teatros de todo el mundo.1 2
María Bayo ha desarrollado una amplia carrera operística en la que ha destacado por sus cualidades vocales y su presencia escénica, y que tiene ejemplos desde el barroco al verismo, pasando por el bel canto. Su debut, en Pisa, Saint Gallen y Lucerna se produjo con Los pescadores de perlas (Bizet) en el papel de Leila, Lucia de Lammermoor (Donizetti), en el papel epónimo y La sonnambula (Bellini), como Lisa. Junto a estos tres autores, su repertorio incluye obras de Händel (Cleopatra en Giulio Cesare), Leoncavallo (Nedda en I Pagliacci), o Verdi (Oscar de Un ballo in maschera).
Sin embargo, dos son los autores cuyo repertorio ha cultivado con una mayor intensidad. Por un lado, Rossini, de quien ha interpretado seis óperas: Bianca e Falliero, El barbero de Sevilla, Il viaggio a Reims, L’ocassione fa il ladro, La scala di seta y Tancredi. El segundo es Mozart, cuyas óperas, especialmente la trilogía de Da Ponte, ha visitado con mayor frecuencia, aunque sea una ópera seria del genio de Salzburgo, Idomeneo, la que tiene un carácter más especial para ella, ya que dio a su única hija, nacida en 2004, el nombre de Ilia, el personaje que ella interpreta en esta obra.6 Pero no son Idomeneo, ni La flauta mágica (en la que ha interpretado el papel de Primera Dama) las que han dado a María Bayo el carácter de cantante mozartiana, sino sus actuaciones en Las bodas de Fígaro, Don Giovanni y Così fan tutte, las tres óperas en las que Mozart contó como libretista con Lorenzo da Ponte, actuaciones ligadas, además, a sus apariciones en el Festival de Salzburgo. La evolución de la voz de María Bayo le ha llevado ha pasar por varios papeles en cada una de estas óperas. En el caso de Così, Bayo encarnó en primer lugar el papel de Fiordiligi (San Sebastián, 1991) y posteriormente el de la criada Despina (Salzburgo, 2000). En Don Giovanni, después de afrontar el papel de Zerlina (Salzburgo, 1999), interpretó el de Donna Anna (Ruhr-Triennale, 2002). Por último, en Las bodas de Fígaro, María Bayo ha encarnado a tres de los personajes: el primero, como es habitual en las sopranos de su registro, fue el de Susanna (Madrid, 1990); posteriormente, y aunque se trata de un papel interpretado normalmente por mezzosopranos, actuó como Cherubino en el Festival de Salzburgo, en 1998; finalmente, en el año 2007 interpretó por primera vez el papel de La Contessa (Dresde). De una manera similar, en el caso de La Bohéme, debutó en el papel de Musetta (Milán) para abordar más tarde el de Mimì. Además de su actividad en el gran repertorio, ha recuperado algunas óperas barrocas, como La Calisto, de Francesco Cavalli o Cleofide de Hasse.
María Bayo ha dedicado una buena parte de su carrera a la zarzuela, tanto en lo que se refiere a los títulos del siglo XIX y el XX, como a la zarzuela barroca que se escribió en el siglo XVII.

Fuente:
Wikipedia – La enciclopedia libre