Adolphe Adam1803 – Nacimiento en París (Francia) del compositor CHARLES ADOLPHE ADAM. Estudió con Boieldieu en el Conservatorio de París. Con la composición de vaudevilles para los pequeños teatros de París comienza a brillar su estrella. Tanto en la vida como en el arte, Adam es amigo del género ligero. En 1829 conquista la Opéra Comique con Pierre et Catherine (1829), alcanzado a componer 33 óperas cómicas frecuentemente en colaboración con el libretista Scribe y la soprano Miolan-Carvalho. Fue en su época uno de los compositores de más éxito, llegó a ser profesor del conservatorio y director de la ópera de su ciudad natal. Por la cantidad de representaciones, sobre todo de Le postillon de Longjumeau (1836), de Si j’étais roi (Si yo fuera rey, 1852) y de su ballet Giselle, pero también de Le roi d’Yvetot (1842), Richard en Palestine (1844) y Le poupée de Nuremberg (1852), hace sombra a no pocos compositores considerados hoy más importantes. Fue un talento precoz reconocido a tiempo por su familia, dada a la música y procedente de Alsacia. Como virtuoso del piano estuvo en Berlín, San Petersburgo e Italia. Era un melodista de rica imaginación, muy buen técnico; su música es amable, sencilla, natural y popular. Su amplia difusión no es tan sorprendente como que un jurado exigente le concediera el Premio de Roma.
CHARLES ADOLPHE ADAM falleció en París, el 3 de mayo de 1856.

Fuentes:
Pahlen, Kurt – DICCIONARIO DE LA OPERA
Jacob, Walter – ARTE LIRICO

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Giuseppe Di Stefano1921 – Nacimiento en Motta Santa Anastasia (cerca de Catania, Italia) del tenor GIUSEPPE DI STEFANO. Adriano Tochio (del coro de La Scala) le dio clases de canto durante casi dos años. Luego pasó a manos de Luigi Montesanto por un período similar. En enero de 1941 llegó el servicio militar y fue destinado a un regimiento de infantería con sede en Ravenna. Allí se hizo amigo de Giovanni Tartaglione, jefe de los servicios sanitarios del regimiento, quien al saber que poseía una buena voz le asignó la tarea de enfermero-cantante. Incluso le salvó la vida al impedir que fuese enviado a la Unión Soviética donde él perdió la suya. En 1943 Di Stefano regresó a Milán con su madre e intentó cantar con el seudónimo de Nino Florio, pero la firma del armisticio y la llegada de los alemanes lo empujaron nuevamente hacia las filas de las que sólo se libró huyendo a Suiza. Una vez allí comenzó a ofrecer conciertos en diversos campos de refugiados para luego intervenir en un programa de Radio Lausana que incluía títulos como L’elisir d’amore, Il Tabarro y La cambiale di matrimonio, dirigidos por Otto Ackermann.
Terminada la guerra regresó a italia y se puso de nuevo en manos de Montesanto, quien volvió a entrenarle la voz. No sólo le brindó lecciones bastante frustrantes sino que se convirtió en su empresario. Firmaron un contrato de diez años a instancias del veterano Walter Mocchi. Sin embargo, fue a través de Liduino Bonardi (otro conocido agente de artistas) que se concretó el debut del tenor como Des Grieux en Manon de Massenet en Reggio Emilia (1946). Ese mismo año se presentó en Barcelona. En 1947 Di Stefano ya estaba en La Scala, donde fue un tenor de frecuente actuación en los quince años posteriores. Sus relaciones con la compañía tuvieron algunos sobresaltos en la época en que alternaba sus actuaciones con el Metropolitan. Los comienzos con Manon (Favero, Borriello, Siepi; dir: Antonio Guarnieri) y Mignon (Simionato, Aimaro, Paci, Siepi; id. director) fueron auspiciosos pero no tuvieron continuación hasta 1952, cuando regresó para una serie de funciones de La Gioconda junto a María Callas y Ebe Stignani, luego de una espinosa correspondencia entre Ghiringhelli y Bing. No se conserva una grabación del vivo de ese acontecimiento ni la obra de Ponchielli se produjo en ningún estudio discográfico con ese prestigioso trío.
Otras óperas de La Scala cantadas junto a Callas fueron Lucia di Lammermoor, bajo la dirección y régie de Herbert von Karajan y La Traviata puesta en escena por Visconti. Aquí exhibió su fama de rebelde ante las sugerencias de los registas. Cuando Visconti cinceló la más perfecta Violetta imaginable en Callas (1955) la paciencia de Di Stefano se agotó y abandonó la producción. Ambos se reencontraron en Milán para la inauguración de la temporada 1957/58 con Un ballo in maschera (Simionato, Bastianini, Ratti; dir: Gavazzeni). El repertorio de Di Stefano en esa sala, de inicios mayormente líricos, se fue acercando más al terreno spinto y aparecieron títulos como Eugenio Onieguin (1954; Bastianini, Tebaldi, Elmo, Arié; dir: Rodzinski), Cavalleria rusticana (1955; Simionato, Guelfi; dir: Votto) y Adriana Lecouvreur (1958; Petrella, Simionato, Bastianini; dir: Votto), alternados con sus favoritos Werther y L’elisir d’amore, para culminar con fogosas funciones de Carmen (en su idioma original y protagonizadas por Simionato; 1955), Turandot, La forza del destino y Aida (1956; Stella, Simionato, Guelfi). Contrariamente a lo que pudiera pensarse a priori, su enfoque vocal de Radamés está bastante logrado, con algún Si bemol agudo muy bien colocado. Junto a Renata Tebaldi y Tito Gobbi hizo alguna exitosa representación de Tosca. En 1961 encarnó a Giuliano della Viola en Il calzare d’argento de Pizzetti, un papel de tensa tesitura que lo obligó a aprender un lenguaje musical que le era extraño. Sus actuaciones en La Scala entraron a una fase final a través del protagonista del Rienzi wagneriano (1964; Kabaivanska; dir: Scherchen) y el Nerón de L’Incoronazione di Poppea de Monteverdi (1967; Bumbry).
Había debutado en el Metropolitan el 25 de febrero de 1948 como el Duque de Mantua de Rigoletto y cantó en la misma temporada el Des Grieux de Manon. En 1948/49 aparecieron Wilhelm Meister en Mignon, Alfredo en La Traviata, Nemorino en L’elisir d’amore, Rinuccio en Gianni Schicchi, Fenton en Falstaff y Rodolfo en La bohème. En la temporada siguiente encarnó al cantante italiano de Der Rosenkavalier y al protagonista de Faust. Los últimos personajes aparecidos en esa etapa fueron Almaviva en Il barbiere di Siviglia (con Lily Pons), Pinkerton en Madama Butterfly, Don José en Carmen (donde le fracturó un brazo a Risë Stevens) y Cavaradossi en Tosca. En enero de 1965 regresó en pobre estado vocal para el protagonista de Les contes d’Hoffmann. También cantó en Chicago y Filadelfia. El período mexicano (1948/52) le sirvió para incorporar nuevas óperas a su repertorio.
entre las que podemos mencionar Werther y La favorita con la Simionato. Llegó a estas obras con una insuficiente preparación musical y las respectivas grabaciones dan un claro testimonio al respecto. El 9 de septiembre de 1951 se produjo en Brasil el primer encuentro artístico con Callas y Tito Gobbi en La Traviata. Estos artistas formaron después el terceto fonográfico más célebre de la historia. Sin embargo, ésa fue una de las pocas ocasiones en las que aparecieron juntos sobre el escenario. La dupla Callas-Di Stefano en Tosca, tan famosa en el disco, se concretó en el teatro sólo en México (1952). Di Stefano cantó poco en Francia. En 1954 debutó en la Opéra con Faust y al año siguiente con Lucia di Lammermoor en Enghien. En el Covent Garden londinense se presentó en 1961 con Tosca. Brasil fue un país que le brindó la oportunidad de cotejarse con Beniamino Gigli, su admirado antecesor que todavía aparecía en excelente forma a pesar de su edad. Muy diferentes fueron las cosas en el Teatro Colón de Buenos Aires en 1965. La ópera programada era Un ballo in maschera, pero como Di Stefano era (o había sido) un gran Cavaradossi le ofrecieron la última función de Tosca protagonizada por Régine Crespin. El resultado vocal fue pobre y desencadenó reacciones adversas del público. Como consecuencia fue cancelado su contrato para Ballo, título que fue asumido por Richard Tucker. En 1964 el Sodre de Uruguay había programado su participación en Faust y Rigoletto, pero esas actuaciones fueron anuladas. A partir de mediados de la década del sesenta la voz de Di Stefano estaba tan deteriorada que sus presentaciones en público se distanciaron. En algún momento se dedicó a la opereta con El País de las Sonrisas. Luego dio un paso en falso al cantar Otello junto a Tito Gobbi (Pasadena, 1966). Esas presentaciones fueron un desastre, como lo demuestra la grabación en vivo. En 1969 fue Loris para Fedora de Magda Olivero con desempeño muy irregular.
La labor de regista junto a Callas, con motivo de la reapertura del Teatro Regio de Turín con I vespri siciliani, no agregó laureles a su gloria. La serie de recitales que dieron en innumerables ciudades de tres continentes estuvo rodeada de gran emotividad. Las voces, aunque destruídas, no llegan a empañar el hecho artístico de relevancia. Di Stefano apareción en el espectáculo “Opera para Africa”, donde fue presentado por José Carreras, y en un concierto italiano de noviembre de 1992. No le quedaba voz, pero el magnetismo seguía presente. En 1989 presentó sus memorias con el título “El Arte del Canto”.
Apareció en el mundo de la lírica después de finalizada la Segunda Guerra Mundial e inmediatamente conquistó a los aficionados con su hermosa voz de tenor lírico, quizá la más dotada desde los tiempos juveniles de Gigli. Di Stefano manifestó una convincente teatralidad, que unida a una apostura típicamente itálica le aseguraron la admiración de los grandes públicos. El seductor enfoque de cada frase fue el pasaporte definitivo a una fama que una técnica imperfecta no tardaría en opacar. La voz se distinguía de la de todos sus colegas por una enorme personalidad. Los estudios fueron importantes en su formación pero luego se comportó como un autodidacto. El equivocado y peligroso camino para la producción de sonidos deterioró el hermoso timbre y limitó su extensión, en un principio envidiable. Además, endureció y opacó su canto. Tuvo gran facilidad para cantar piano y no lo hacía con el uso del falsettone (que hubiese sido perfectamente lícito) o con el paso a través de la voz cubierta. Destimbraba la voz hasta un punto mínimo y provocaba efectos mágicos. El principal problema técnico radicó en su imposibilidad de encontrar un lugar apropiado para el pasaje, lo que lo indujo a cantar “abierto” hasta lugares peligrosos. En lugar de la necesaria cobertura, surgía en la zona superior un peligroso engolamiento. Cuando no podía recurrir a ese truco y debía dar un agudo de improviso emitía notas desagradables y desafinadas. Fue uno de los pocos tenores de nuestros tiempos que cantó verdaderos “Do de pecho”, muy reñidos con el buen canto por cierto. Otro de los problemas serios de Di Stefano fue su escaso sentido del encuadre musical. Sus tomas del vivo muestran las más graves vacilaciones que se conozcan en un cantante de primer rango. Su canto es tan errático como el ritmo y sólo salva la empresa el aterciopelado timbre.
Típico tenor italiano de temperamento extravertido y meridional, Di Stefano fue muy aplaudido. Sin embargo, las audiencias a veces prefirieron a otros colegas que con menos atractivos expresivos tenían una zona aguda más estable. Sus actuaciones con María Callas fueron numerosas y la relación humana que mantuvieron sufrió altibajos, afinidades, borrascas, un largo tiempo de alejamiento y un postrer acercamiento en lo profesional y personal.
GIUSEPPE DI STEFANO falleció en Santa Maria Hoè (cerca de Milán, Italia) el 3 de marzo de 2008.

Fuente:
Patrón Marchand, Miguel – CALLAS Y 99 CONTEMPORANEOS

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1938 – Estreno en el Teatro Nacional de Munich de la ópera en un acto “FRIEDENSTAG” de Richard Strauss (1864-1949), sobre libreto de Joseph Gregor, basado en una sinopsis de Stefan Zweig.

Fuente:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA

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Rosina Storchio1945 – Fallecimiento en Milán (Italia) de la soprano ROSINA STORCHIO. Había nacido en Venecia (Italia) el 19 de mayo de 1872. Estudió en el Conservatorio de Milán. Debutó en el Teatro Dal Verme de esa ciudad en octubre de 1892, como Micaela en Carmen. Se especializó posteriormente en el papel de Nedda en Pagliacci, cantándolo en varios teatros de provincia. En 1895 hizo su debut en La Scala como Sofía (Werther); en 1896 cantó en el Teatro Nazionale de Roma la protagonista de Manon de Massenet. En 1897 participó en el estreno mundial de La Bohème de Leoncavallo, en el papel de Musetta, y actuó por primera vez en Moscú. Allí cantó Bertha (Le Prophete) y Nannetta (Falstaff). Al año siguiente brilló en el Carlo Felice de Génova, en el Liceo de Barcelona y en el Lírico de Milán, encarnando a la protagonista de Mignon de Thomas. También fue una excelente intérprete de la Mimí pucciniana. En 1900 fue protagonista de Zazá, en el estreno mundial de esa ópera, dirigido por Arturo Toscanini, y obtuvo yn triunfo resonante con Iris, en el Liceo de Barcelona. En 1901/02 fue una de las artistas más activas en La Scala, al cantar Euryanthe, Hansel y Gretel y Linda di Chamounix. En 1903 estrenó en esa sala Siberia de Giordano. En 1904 fue protagonista de la primera ejecución de Madama Butterfly, con Zenatello y De Luca (en La Scala). La ópera resultaría un fracaso en esa ocasión. Fue una intérprete distinguida de Norina (Don Pasquale), Wally, Susanna (Nozze) y Violetta (Traviata). A partir de 1907 paseó su fama por el mundo, como una de las artistas mejor pagadas del momento. En 1910 se presentó en el Teatro Colón de Buenos Aires cantando Violetta, Manon de Massenet, Linda, Amina (Sonnambula) y Juliette (el público porteño recordaba actuaciones anteriores de esta soprano en los teatros Coliseo y Opera). También se presentó en Chile en 1910 y 1912. En 1917 participó en el estreno mundial de Lodoletta, de Mascagni, en el Costanzi de Roma, totalizando verdadero récord de primeras audiciones. En 1921 se presentó en la Manhattan Opera de Nueva York y en el Auditorium de Chicago. Se retiró de la escena en 1923 con Madama Butterfly.
Soprano lírica por excelencia, la Storchio poseyó una voz limitada en volumen pero de timbre claro y plateado, lo que le permitió ser la protagonista ideal de una vasta gama de óperas. Sobresalió en Puccini y Massenet, habiendo abordado con felicidad heroínas de coloratura como Violetta, Amina y Linda di Chamounix. Fue aprovechada al máximo por los compositores del momento, los que le confiaron varios estrenos. El más importante fue el fallido nacimiento de Butterfly. Se destacó como actriz, con marcada tendencia a la extroversión interpretativa; a la vez fue rigurosamente musical en el enfoque de las óperas, lo que le valió la permanente adhesión de Toscanini. Las grabaciones de Storchio son muy mediocres y no le hacen mucha justicia: quizá la mejor sea el aria de Norina de Don Pasquale.

Fuente:
Patrón Marchand, Miguel – 100 GRANDES CANTANTES DEL PASADO

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1964 – Estreno en el Teatro Colón de Buenos Aires de la ópera en tres actos “DON RODRIGO” de Alberto Ginastera (1916-1983), sobre libreto de Alejandro Casona.
Intérpretes: Bandin, Cossutta. Dirección: Bruno Bartoletti.

Fuente:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA

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Nicola Zaccaria2007 – Fallecimiento en Atenas (Grecia) del bajo NICOLA ZACCARIA. Había nacido en dicha ciudad el 9 de marzo de 1923.  Estudió canto en el Conservatorio Real de esa ciudad e hizo su debut en la Opera ateniense con el Raimondo de Lucia di Lammermoor en 1949. A partir de ese momento fue contratado por las principales salas italianas como el Maggio Musicale Fiorentino, la Opera de Roma y la Arena de Verona. Su debut en La Scala se produjo el 6 de diciembre de 1953 como Sparafucile del Rigoletto con el que Leonard Warren pretendió conquistar al público milanés. Siguieron la citada Alceste, Tosca (Angelotti) y La Vestale (1954), La fiamma (el Exorcista) en 1955; Norma, Un ballo in maschera (Tom), Samson et Dalila (el Viejo Hebreo) y Aida (Ramfis) en 1956; Mignon (Lotario), Nabucco (Zaccaria), Tosca, Turandot y Moisè (Osiride) en 1958; La Bohème, Ernani (Silva), Assassino nella Catedralle (Tercer Tentador), Il Trovatore, Ifigenie in Aulide (Calcante) y La Sonnambula, en 1959; Boris Godunov (Pimen), Aida, Ballo in maschera, Les Troyens (Narbal) y Poliuto en 1960; Turandot de Busoni (Altoum), en 1962.
Zaccaria fue aplaudido en el Festival de Salzburgo donde, en adición a sus papeles operáticos, interpretó la “Misa Solemnis” de Beethoven en 1959. Otras ciudades que lo conocieron fueron Berlín, Colonia, Moscú, Bruselas y el Festival de Edimburgo, casi siempre compartiendo los éxitos de Callas. En Francia fue Filippo II en Don Carlo en la Opera de París en 1963, en el idioma original francés. En Oragne cantó Il Trovatore en 1972, en Aix-en-Provence el Comendatore en Don Giovanni y Arkel en Pelléas et Mélisande en 1966, además del Orbazzano de Tancredi en 1981. El Chátelet de París lo escuchó en el Astolfo de Orlando Furioso ese mismo año. En otro rubro, fue un excelente cantante de cámara.
En su mejor momento, la voz de Zaccaria fue pastosa, timbrada y pareja en toda la gama. Sin ser un intérprete de la talla de Rossi-Lemeni, Siepi o Christoff, supo dar expresividad a sus partes y exhibió en todos los casos una gran musicalidad y versatilidad.  Tuvo preponderante actuación junto a María Callas y estuvo a su lado en las grabaciones completas que EMI hiciera de AIda (el Rey) y Rigoletto (Sparafucile) en 1955, Il Trovatore (Ferrando), La Bohème (Colline) y Un ballo in maschera (Tom) en 1956, Il Barbiere di Siviglia (Don Basilio), La Sonnambula (Rodolfo) y Turandot (Timur) en 1957, finalmente, Norma (Oroveso) en 1960. En escena compartieron innumerables jornadas de títulos como Alceste (Oracle), La Vestale (un Adivino), La Sonnambula, Lucia di Lammermoor (Raimondo), Norma y Poliuto (Callistene), todas para la compañía de La Scala. También cantó otro Oroveso en el Covent Garden, además del Creonte de Medea y Raimondo en Dallas.

Fuente:
Patrón Marchand, Miguel – CALLAS y 99 CONTEMPORÁNEOS