Christoph Gluck1714 – Nacimiento en Erasbach (cerca de Waidenwang, Alemania) del compositor  CHRISTOPH WILLIBALD GLUCK. Nacido en el Alto Palatinado, va con sus padres a Bohemia, donde es educado por los jesuítas en Komotau, figurando luego en Praga como cantor de iglesia y violoncelista de orquesta. Va en 1736 a Viena y de allá, mediante la ayuda de un mecenas, a Milán, donde termina sus estudios con el organista Samartini. En 1741 debuta con éxito con la ópera italiana “Ataserse” (según argumento de Metastasio) como compositor teatral. Otras siete obras del mismo género le valen ser llamado a Londres, donde no encuentra el éxito ansiado, pero halla ocasión de conocer el arte de Haendel y, en ocasión de un viaje a París, el de Rameau, lo cual es de gran trascendencia para su desenvolvimiento posterior.
Luego de actuar como director de orquesta de una compañía lírica ambulante, reside, a partir de 1750, en Viena donde se casa y, desde 1754, es director de orquesta de la Corte durante diez años. En esta época escribe un gran número de óperas para muchos teatros líricos de toda Europa, ya empeñado en simplificar y en dar más profundidad al libreto de la ópera. En 1761 aparece su ballet “Don Juan”, una obra muy soprendente para su época, y que hasta puede afrontar dignamente la comparación con la obra maestra de Mozart. Un año más tarde aparece la primera de las llamadas “óperas de reforma”, “Orfeo y Euridice”, a la que sigue en 1767 la segunda, “Alceste” y, en 1769, la tercera, “Paris y Elena”. Estas tres obras las escribe según letra del libretista Raniero de Calzabigi que se propone, en colaboración íntima con el compositor, reformar la vieja ópera seria en el sentido de la filosofia naturalista de Juan Jacobo Rousseau mediante una nueva estructura del argumento y de la letra, dando con todo esto el primer paso desde la ópera del barroco hacia nuestro moderno drama musical. Le sucede como libretista de Gluck el embajador francés en Viena Du Roullet, que logra que la ex alumna de Gluck, la reina María Antonieta de Francia, le procure en 1772 un cargo en París. Aquí tiene lugar la lucha final por la reforma de la ópera, que gana Gluck. Después del estreno de “Ifigenia en Aulis”, con letra de Du Roullet (según el drama de Racine, 1774) y de las versiones francesas de “Orfeo” y de “Alceste”, se revoluciona todo el París aficionado a las artes. Son partidarios de Gluck, entre otros, Rousseau, Arnault, Melch, Grimm, Voltaire y Suard; son contrarios suyos, entre otros, D’Alembert, La Harpe, Marmontel, que elevan al compositor italiano Piccini como a antipapa musical. (De ahí la guerra entre “gluckistas” y “piccinistas”).
Esta disputa literaria y artística que fue llevada con extrema violencia, dividiendo a todo París en dos bandos, duró muchos años. El estreno de “Armida” (1777) compuesto sobre una letra de Quinault, que ya había inspirado un libreto a Lully, no cambió la situación; sólo dos años después, luego del estreno de la gigantesca y magistral “Ifigenia en Tauris” (texto de Guillard), la victoria de Gluck fue decisiva, en tanto que el propio Piccini reconoció prácticamente el valor de los principios de la composición de Gluck. En 1779 aparece “Eco y Narciso”, la última obra de Gluck; el mismo año, elevado por el Papa a la dignidad de “Caballero de la Espuela de Oro” y poseyendo otras muchas condecoraciones retorna a Viena, donde transcurre el ocaso de su vida, admirado y respetado por todos.
El maestro GLUCK falleció en Viena, el 15 de noviembre de 1787.

Fuente:
Jacob, Walter – EL ARTE LIRICO

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1836 – Nacimiento en Munich (Alemania) del tenor LUDWIG SCHNORR VON CAROLSFELD. Estudió en Leipzig y con Eduard Devrient en Karlsruhe; debutó allí en pequeños roles, 1855. Como primer tenor en Dresden, 1860-65, cantó Lohengrin y Tannhäuser. Por muy corto tiempo creó el rol de Tristán (Munich, 1865), Schnorr murió repentinamente a causa de una insuficiencia cardíaca en Dresden, el 21 de julio de 1865. Estaba casado con la soprano Malvina Schnorr von Carolsfeld, de apellido Garrigues (1825-1904), alumna de Manuel García, quien creó el rol de Isolde.

Fuente:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA

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Felix Mottl1911 – Fallecimiento en Munich (Alemania) del director y compositor FÉLIX MOTTL. Había nacido en Unter Sankt Veit (cerca de Viena, Austria) el 24 de agosto de 1856. Fue considerado como uno de los directores más brillantes de su época. Compuso algunas óperas – de las cuáles Agnes Bernauer (Weimar, 1880) fue la más exitosa. Fue  también autor de numerosos lieder y otras obras. Como maestro, tuvo a Ernest van Dyck como uno de sus alumnos más destacados.
MOTTL tuvo una exitosa carrera en el Conservatorio de Viena. Fue reconocido como un director especialmente dotado para la música de Wagner, y asistió a Hans Richter en la preparación del primer Anillo presentado en Bayreuth. En 1886 dirigió el estreno de “Tristan und Isolde”  en el Festival de Bayreuth. Entre 1881 y 1903 fue el director de la Opera de Karlsruhe, actividad que le valió un amplia reputación, particularmente en la producción de obras de Wagner y  Berlioz. En años posteriores, visitó Londres y Nueva York, especialmente como conductor wagneriano. En 1904 fue elegido director de la  Akademie der Künste berlinesa.
En junio de 1907 grabó algunos rollos para Welte-Mignon, incluyendo su propia trascripción pianística del preludio, dúo de amor y advertencia de Brangania del Tristan wagneriano.

Fuente:
Wikipedia – La enciclopedia libre

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Beverly Sills2007 – Fallecimiento en Nueva York (Estados Unidos) de la soprano BEVERLY SILLS. Había nacido en Brooklyn (Nueva York) el 25 de mayo de 1929.  Su verdadero nombre era Belle Miriam Silverman. Hija de emigrantes eslavos de orígen judío, heredó desde muy niña la afición de la madre por la ópera. En sus primeros años fue presentada por su madre como una niña prodigio al estilo de Shirley Temple. En 1936 comienza a recibir clases de canto de Estelle Liebling (que había trabajado con la Galli-Curci) y el estudió se intensificó con los años. A los doce años comenzó a estudiar piano mientras se entrenaba vocalmente con Liebling. En 1944 se unió a una compañía dedicada a obras de Gilbert y Sullivan, donde cantó con el seudónimo de Vicky Lynn, pero temiendo que esté género le impidiera ingresar en la ópera provocó un cambio de rumbo. Hizo su debut lírico en la Opera de Filadelfia (febrero de 1947) como Frasquita en Carmen. Estuvo en París en 1950, donde recibió consejos escénicos de Max de Rieux y perfeccionó su francés. Al año siguiente regresó a su país e integró la compañía de Charles L. Wagner y noche a noche cantó sin esfuerzo más de cuarenta funciones de La Traviata. Con el mismo empresario hizo apariciones como Micaela (Carmen) y en 1953 apareció en Baltimore con Manon de Massenet, una ópera que en el futuro le traería grandes triunfos. Ese mismo año debutó en San Francisco donde se lució como Elena en Mefistofele (junto a Rossi-Lemeni, Peerce y Albanese) y Donna Elvira en Don Giovanni (con el mismo bajo y la dirección de Serafin). La fama de Sills no se cimentó en San Francisco hasta 1970 cuando apareció en un deslumbrante concierto, sin embargo en 1958 había sido Musetta y Micaela. En septiembre de 1971 brindó una magnífica Manon en compañía de Nicolai Gedda, a la que siguió una recordada Lucia di Lammermoor con el Edgardo de Pavarotti. En 1973 hubo una Traviata producida por Adler, director de la compañía, mientras que en 1974 mostró su gracia y dotes belcantísticas en La Fille du Regiment. Volvió en 1976 con una Thaïs que convencía aun a sus detractores. En 1977 se despidió de esa audiencia con la Elvira de I Puritani. En 1955 debutó en la New York City Opera como Rosalinde en Die Fledermaus, poco después fue Oxana en El capricho de Oxana de Tchaikovsky y Fiora en L’Amore dei Tre Re. También interpretó a las protagonistas de Carmen y Tosca (en el Music Carnival de Cleveland) y Sophie en Der Rosenkavalier dirigido por Bernstein. Luego aparecieron los papeles de Philine en Mignon, Madame Silverklang en El Empresario, la protagonista de La Balada de Baby Doe de Moore y uno de los roles Seis Personajes en Busca de un Autor de Weisgall. En 1961 cantó en el estreno de Las Alas de la Paloma de Moore y decidió dedicarse a su familia, abandonando momentáneamente su carrera. La reanudó en 1966 con Donna Elvira (Don Giovanni), también se lució como Konstanze (Rapto en el Serrallo), los tres roles femeninos del Trittico pucciniano (Giorgetta, Suor Angelica y Lauretta) y la protagonista de Louise de Charpentier. En 1966 también se produjo el éxito de Giulio Cesare, que cambió su suerte como cantante lírica. En la siguiente temporada aparecieron: la reina Chemaján (Gallo de Oro), Margherite (Faust), otra vez Manon y Lucia, y su acertado enfoque de las cuatro heroínas de Les Contes de’Hoffmann. Entre 1970 y 1973 Sills protagonizó el “ciclo Tudor”, en el que encarnó a las tres soberanas británicas musicalizadas por Donizetti. Primero fue Isabel I en Roberto Devereux a la que siguió María de Escocia en Maria Stuarda, para finalizar con la protagonista de Anna Bolena. En el terrenon del belcanto aparecieron también Elvira en I Puritani y Marie en La Fille du Regiment. En 1975 debutó oficialmente en el Metropolitan con su famoso papel de Pamira en L’assedio di Corinto de Rossini. En 1976 fue Lucia y repitió en 1978 su exitosa Thaïs de San Francisco. Muy frecuentes fueron sus contactos con Sarah Caldwell y su Opera de Boston. Allí encarnó a la Reina de la Noche (Zauberflöte). En 1965 intervino en la ópera de Luigi Nono Intolleranza (1960). Entre 1980 y 1988 fue directora de la New York City Opera, luego de las funciones de Die Fledermaus de San Diego en las que compartió papeles protagónicos con Joan Sutherland. En febrero de 1994 fue nombrada directora del Lincoln Center. En Europa gozó de una gloria tardía y La Scala la vió por primera vez en 1969 en L’assedio di Corinto. El Covent Garden la aplaudió el mismo año como Lucia. Violetta le sirvió como carta de presentación en el San Carlo de Nápoles (1970) y con unas funciones de El rapto en el serrallo fue conocida por los públicos israelíes. Los franceses la aplaudieron en 1971 en un concierto en la Sala Pleyel. En el Teatro Colón de Buenos Aires debutó con Giulio Cesare (1968) y se presentó en las temporadas 1970 (Manon, junto a Nicolai Gedda) y 1972 (Lucia, junto a Alfredo Kraus). Aquejada por problemas de salud y tentada por otras actividades, Sills se retiró del canto con una gala en el City Opera el 27 de octubre de 1980. El aficionado no podría enamorarse del arte de la Sills a través de sus discos ya que ella era una artista para ver sobre un escenario. Su órgano vocal mostraba estridencias, vibrato y cierta vulgaridad en el registro medio. Los agudos y sobreagudos llegaban a ser espectaculares y la técnica de coloratura, impecable. Si en algún momento estuvo emparentado con las sopranos ligeras de antaño en la forma de encarnar algunos personajes, su órgano canoro tenía más consistencia y volumen que el de muchas antecesoras. En la escena Sills impactaba como un fenómeno artístico y desaparecían las reservas que surgieran sobre su voz. Pudo aproximarse a Callas en calor y entrega escénica. Su juego histriónico estaba naturalmente al servicio de los personajes, ya fuera en el drama o la comedia. En Donizetti era capaz de deslumbrar con una alucinada reina Isabel I en Roberto Devereux y a la vez hacer gozar a la audiencia con una desopilante Norina de Don Pasquale. En Thaïs de Massenet lograba la mística transición de la protagonista y daba tanta veracidad a la cortesana como a la mujer arrepentida. En las obras belcantísticas donde la enjundia vocal tenía tanta importancia como la interpretativa (Lucia di Lammermoor y Norma) la Sills dejaba su sabor de insuficiencia y fue siempre eclipsada por el recuerdo de la Callas. Aun así, llegaba al meollo de estos personajes mejor Joan Sutherland, que por lo general quedaban en la epidermis de los mismos.

Fuente:
Patrón Marchand, Miguel – CALLAS Y 99 CONTEMPORANEOS
Valenti Ferro, Enzo – LAS VOCES – TEATRO COLON: 1908-82