1821 – Nació en Ravenna (Italia) el director ANGELO MARIANI. Uno de los primeros intérpretes italianos en establecer su identidad profesional como director, fue asociado estrechamente con Rossini desde 1843 y con Verdi desde 1846. Director del teatro Carlo Felice de Génova (1852-73) y del Comunale de Bolonia (1860-73), donde dirigió las primeras representaciones italianas de Lohengrin (1871) y Tannhäuser (1872). Conocido por su encanto, habilidad, insistencia en los ensayos y dedicación a elevar el rendimiento de la orquesta. Mariani falleció en Génova, el 13 de junio de 1873.

Fuente:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA

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1860 – Nacimiento en Nápoles (Italia) del tenor FERNANDO DE LUCIA. Estudió fagot y contrabajo en el Conservatorio San Pietro a Majella, inclinándose luego por el canto. Se presentó por primera vez en público en Caserta, durante su servicio militar. En Nápoles se puso bajo la guía de Lombardi. Tuvo ocasión de ver actuar a los mejores tenores de ese tiempo, especialmente a Stagno.
El 9 de marzo de 1885 debutó en el Teatro San Carlo con Faust, obteniendo gran éxito. Desde un principio se mostró como un artista refinado y buen actor. Su repertorio se enriqueció con Don Giovanni, Il Barbiere di Siviglia, Linda di Chamounix, Fra Diavolo, Dinorah, L’elisir d’amore y Les Pecheurs de Perles. También participó en el estreno mundial de L’amico Fritz, de Mascagni, en 1891.
Visitó Buenos Aires y Montevideo en 1889; cantó Romeo et Juliette y La Sonnambula. En ese momento comenzó a afrontar partes más dramáticas como Enzo, en La Gioconda, y Don José en Carmen. En 1893 cantó Pagliacci en el San Carlo de Nápoles. Obtuvo su consagración definitiva. Desde ese momento se convirtió en un adalid del verismo, destacándose en Cavalleria rusticana y la anteriormente mencionada ópera de Leoncavallo.
En la temporada 1893-94 actuó en el Metropolitan. Fue elogiado en Rigoletto y Faust, pero recibió un duro revés con Don Giovanni. Mascagni le confió también el estreno de I Rantzau e Iris.
DE LUCIA continuó cantando estos títulos, alternados con La Bohème, Manon, Zazá y Tosca. Se despidió del público en 1917, en su ciudad natal. El día del funeral de Caruso, en agosto de 1921, cantó Pietá Signore en la Basílica de San Francisco de Paula. FERNANDO DE LUCIA falleció en Nápoles el 21 de febrero de 1925.
Si bien comenzó a grabar cuando llegó a una edad madura, De Lucia dejó un testimonio discográfico de importante cantidad y calidad. Su voz, si bien es pareja y timbrada, aparece con un vibrato excesivo y dificultades en los agudos.
Como exponente de su época, introducía toda clase de cambios en las partituras, suprimía frases, agregaba otras, interpolaba cadencias, etc. Hecho este importante descuento, podemos decir que en algunos momentos el fraseo del artista es fascinante.
Hoy día, con el enorme cambio operado en el canto, De Lucia nos ofrece versiones que pueden desconcertar; pero situándonos en su tiempo y en la mentalidad de la época podemos comprender el éxito que tuvieron siempre sus interpretaciones.
Se debe destacar, además, su entusiasmo por hacer conocer óperas de sus contemporáneos; sin embargo, su condición vocal estaba orientada hacia los autores belcantistas.

Fuente:
Patrón Marchand, Miguel – 100 GRANDES CANTANTES DEL PASADO

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Felia Litvinne1860 – Nacimiento en San Petersburgo de la soprano FELIA LITVINNE. Su verdadero nombre fue Françoise Jeanne Schütz siendo sus padres de origen alemán y francés. Estudió en París con Barthe-Banderali, Pauline Viardot y Victor Maurel. Debutó en el Théâtre-Italien en 1883, como Amalia en Simon Boccanegra, como reemplazo de último minuto de Fidès Devriès, y poco tiempo después realizó su debut oficial como Elvira en Ernani.
Rápidamente su carrera se convirtió en internacional, presentándose en: la Academy of Music de Nueva York, la Opera de París, la Scala de Milan, la Opera de Roma, La Fenice de Venice, el Covent Garden de Londres, etc.
Debutó en el Metropolitan Opera de Nueva York en noviembre de 1896, como Valentine en Les Huguenots, cantó allí por una única temporada, los roles que abordó fueron: Aida, Donna Anna, Chimène, Sélika, Brunnhilde, Isolde.
Creó roles en las premieres de algunas óperas de Camille Saint-Saëns: Hélène, L’ancêtre y Déjanire, además participó en la premiere de Bacchus triomphant de Camille Erlanger. LITVINNE también alcanzó gran éxito en las óperas Alceste y Armide de Gluck.
Su última actuación fue en Monte Carlo, como Aida, junto a Enrico Caruso, en 1915, pero continuó ofreciendo recitales hasta 1924. Enseñó cantó en el American Conservatory en Fontainebleau, algunas de sus alumnas fueron Nina Koshetz y Germaine Lubin. En 1924 publicó Conseils et exercices y en 1933 su autobiografía Ma vie et mon art. FELIA LITVINNE falleció en París el 12 de octubre de 1936.
Generalmente recordada como una de las más grandes voces de todos los tiempos, LITVINNE poseía una brillante, flexible y resonante voz, y tenía una poderosa presencia escénica.

Fuente:
Wikipedia – La enciclopedia libre

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1863 – Nacimiento en Velletri (Italia) del compositor XAVIER LE ROUX. De padres franceses, LE ROUX estudió con Dubois y Massenet en el Conservatorio de París. Primer ópera representada, Cléopâtre (1890). Sus otras óperas, en su mayor parte emulando el estilo verista, incluyen: Astarte (1901); La Reine Fiammette (1903); Le Chemineau (1907) y Le Carillonneur (1913). LE ROUX falleció en París, el 2 de febrero de 1919.

Fuente:
Hamilton, David – THE METROPOLITAN OPERA ENCYCLOPEDIA

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1993 – Fallecimiento en San Francisco (EE. UU.) del tenor JESS THOMAS a los 66 años de edad. JESS THOMAS había nacido en Hot Springs (South Dakota, EE. UU.) el 4 de agosto de 1927. Habiendo estudiado Psicología en la Universidad de Stanford University, fue alumno del maestro de canto Otto Schulmann. Debutó en 1957 como el Haufhofmeister en Der Rosenkavalier en la Opera de San Francisco, donde también cantó Malcolm del Macbeth verdiano. En 1958, fue contratado por el Karlsruhe Staatstheater, donde debutó en el rol titular de Lohengrin. En 1960, hizo su presentación como Bacchus en Ariadne auf Naxos en el Munich Festival y fue un cantante invitado en la Opera de Stuttgart.
Fue en Bayreuth donde obtuvo sus más grandes sucesos. Allí el cantó Parsifal (1961-63, 1965), Lohengrin (1962, 1967), Walther en Meistersinger (1963, 1969), Tannhäuser (1966-67), Siegfried (1969,1976) y también el tenor solista en la 9º Sinfonía de Beethoven. Fue honrado con la Wagner-Medal en Bayreuth en 1963. Fue miembro de la Opera de Viena y invitado regular en la Opera de Zürich y en la Opera de Berlín. Allí, debutó como Radamès en la producción de Wieland Wagner de Aida de Verdi en 1961. En ese mismo año, se convirtió en miembro de la Opera de Baviera. En 1963, en la reapertura de este teatro, cantó el rol del Emperador en Die Frau ohne Schatten de Strauss y también se convirtió en miembro del Metropolitan Opera House, donde se presentó en 15 temporadas en 95 funciones de 15 roles incluyendo los héroes wagnerianos, Florestan y Samson. En 1966 participó en la première de Anthony and Cleopatra de Barber compuesta para la inauguración de la nueva Metropolitan Opera House en el Lincoln Center (creó el rol de Caesar).
En el Festival de Salzburgo, cantó la parte de Bacchus en 1964 y 1965 dirigido por Karl Böhm. En el Festival de Pascua de Salzburgo, cantó el rol de Siegfried en el Anillo del Nibelungo de Karajan en 1969 y 1970. En el Covent Garden, fue aclamado como Walther yTristan en 1969-71. En la Opera de París Opera, se presentó como Siegmund (Die Walküre) en 1967 y como Tristan en 1972. Desde 1965, se ha presentado con frecuencia como invitado en la Opera de San Francisco Opera. Su actuación de despedida tuvo lugar en Washington como Parsifal en el Metropolitan Opera en 1982. Además de los roles mencionados, cantó también las partes de Calaf en la Turandot pucciniana, Hoffman en Les Contes d’Hoffmann de Offenbach, Lenski en Yevgeny Onegin de Tchaikovsky.

Fuente:
http://www.operissimo.com/

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Joan Sutherland2010 – Fallecimiento de la soprano australiana JOAN SUTHERLAND. Había nacido el 7 de noviembre de 1926 en Sydney (Australia) siendo hija de William Sutherland y Muriel Ashton. Hizo sus primeros estudios de canto con ésta última, que era una mezzosoprano no profesional, y luego con John y Aida Dickens. En 1947 se exhibió en una ejecución de concierto de Dido y Eneas de Purcell y después participó en conciertos y oratorios. En 1951 se trasladó a Londres para estudiar en el Royal College of Music con Clive Carey, un discípulo de Jean de Retské.
Su debut operático se produjo en su patria el 10 de julio de 1951 con Judith de Eugene Goossens. Se presentó por primera vez en el Covent Garden de Londres (que sería su hogar artístico en los primeros tiempos) en octubre de 1952 como la Primera Dama (Die Zauberflöte). Poco después cantó la Sacerdotisa en Aida y fue Clotilde en la histórica versión de Norma protagonizada por Maria Callas, Ebe Stignani, Mirto Picchi y Giacomo Vaghi. En diciembre ya se enfrentó a una insólita Amelia (Un ballo in maschera) y en febrero del año siguiente incorporó a su repertorio la Contessa (Le Nozze di Figaro) durante una gira de la compañía por Edimburgo. Poco después volvió a los roles pequeños en Elektra de Richard Strauss. Durante el verano de 1953 viajó con la compañía del Covent Garden a Rhodesia del Sur para las celebracionjes del centenario de Cecil Rhodes. En la ciudad de Bulawayo cantó el papel de Penélope en Gloriana de Britten, ópera especialmente escrita para los festejos de la coronación de Isabel II. De regreso a Gran Bretaña formó parte de los elencos de Die Walküre (Helmwige), dirigida por Fritz Stiedry, y Carmen (Frasquita), por John Pritchard. Un nuevo papel importante apareció otra vez en terreno inadecuado con la protagonista de Aida, pero en Agathe de Der Freischütz se encontró cómoda y obtuvo nuevos aplausos. En mayo de 1954 fue Woglinde en Das Rheingold, siempre bajo la dirección de Stiedry. En ese mismo Ring des Nibelungen encarnó al Pájaro del Bosque en Siegfried que después grabaría con Solti, ya en su posición de gran estrella, y a una de las hijas de Rhin en Götterdämerung. En noviembre de ese año apareció en su horizonte la ópera Les Contes d’Hoffmann, donde cantó el papel de Antonia. Giulietta se incorporó en febrero de 1955 y Olympia en junio de ese año. En sus tiempos posteriores de triunfo indiscutido fue una de las pocas sopranos que podía cantar todos los papeles en la misma función. La inclusión de Jennifer de The Midsummer Marriage de Tippett se produjo en esa misma época y también la Micaela de Carmen. Posteriormente, realizó un paréntesis mientras esperaba un hijo, que nació en febrero de 1956 y fue bautizado como Adam Carl Bonynge. En noviembre, Pamina (Die Zauberflöte) se sumó a su aun errático repertorio y poco después Eva (Die Meistersinger).
En 1957 llegó a uno de sus mejores papeles: Alcina, en una única función cantada para la “Haendel Society” en el St. Pancras Assembly Rooms. Los próximos papeles fueron Gilda (Rigoletto) para el Covent Garden y Madame Herz en L’Impressario de Mozart en Glyndebourne. También en ese año tuvo ocasión de ser Desdemona para el magnífico Otello de Ramón Vinay. Con Francis Poulenc presente en los ensayos, Sutherland interpretó a Madame Lidoine en Dialogues des Carmélites en enero de 1958 y en el verano boreal de ese año se trasladó a Vancouver, que se convertiría en uno de sus más sólidos bastiones, e incorporó a su favorita Donna Anna (Don Giovanni). Al regreso, y con dirección del especializado Raymond Leppard, participó en las escenificaciones del Samson de Haendel (La mujer israelita) en Leeds.
Ya estaba todo pronto para su gran momento con Lucia di Lammermoor, que había estado ausente del Covent Garden desde 1925 cuando se dio una aislada función. Los esfuerzos de Bonynge para que Joan se luciera en ese título fructificaron en febrero de 1959. La mano de Tullio Serafin y el talento de Franco Zeffirelli hicieron el resto y una nueva estrella nació en el firmamento de la ópera. Al partir de ahí el mundo entero la vio triunfar, pero el Covent Garden no dejó deser su hogar artístico. Luego de su exitosa Rodelinda en Sadler’s Wells tuvo un tropiezo con La Traviata a causa de una laringitis y de su inmadura captación del papel de Violetta. La lista de personajes que debutó en la sala londinense en tiempos posteriores es la siguiente: Amina (La Sonnambula, octubre de 1960), la Königin der Nacht (con las arias transportadas) de Die Zauberflöte y Marie (La Fille du Regiment, junio de 1966). Siempre en Gran Bretaña, el Sadler’s Wells vio su Cleopatra en Giulio Cesare (junio de 1963). Otras ciudades de habla inglesa que deliraron con su presencia fueron Vancouver y Seattle. En la primera hizo conocer su primera Norma (octubre de 1963), Lucrezia Borgia (octubre de 1972), Die Lustige Witwe (abril de 1976) y Le Roi de Lahore (septiembre de 1977). En Seattle se midió por primera vez con Lakmé (abril de 1967) y con los cuatro personajes de Les Contes d’Hoffmann (noviembre de 1970).
La carrera de Sutherland se encaminó hacia el extranjero desde 1959. Una de las primeras compañías que se interesó por su arte fue la Opera del Estado de Viena que la solicitó para Don Giovanni. En 1960 Italia la conoció a través de aplaudidas funciones de Lucia di Lammermoor, que se convirtió en su talismán y le abrió las puertas de la Opera de París. Alcina fue otro vehículo de triunfos en La Fenice de Venecia y la Opera de Dallas. Su exitosa Elvira de I Puritani vio la luz en Glyndebourne en mayo de 1960 y fue ovacionada en Palermo el mismo año.
Nueva York conoció a Joan Sutherland a través de una versión de concierto de Beatrice di Tenda en el Town Hall, donde cantó por primera vez con Marilyn Horne. Esa actuación coincidió con la muerte de su madre. En Chicago cantó Lucia y esta ópera la lanzó a la fama definitiva con motivo de su debut en el Metropolitan, el 26 de noviembre de 1961. En esa sala fue muy apreciada en los siguientes roles: Amina (La Sonnambula), Violetta (La Traviata), Donna Anna (Don Giovanni), las protagonistas de Norma y Esclarmonde, Marie (La Fille du Regiment), Gilda (Rigoletto), las cuatro heroínas femeninas de Les contes d’Hoffmann y Elvira (I Puritani). Sutherland llegó a San Francisco para una función de Lucia di Lammermoor y no quedó satisfecha con el director Molinari-Pradelli. Para futuras actuaciones exigió a Bonynge. Volvió en 1963 para La Sonnambula e impuso a su protegido Renato Cioni. Las cosas mejoraron en 1964 en una Traviata que tuvo como insólito Germont a Eberhard Wächter. En 1966 la temporada se inauguró con I Puritani junto al Arturo de Alfredo Kraus. Un paréntesis se abrió hasta 1971 cuando Joan cantó su primera Maria Stuarda al lado de la truculenta reina Isabel de Huguette Tourangeau, otra integrante del clan. Un año después ambas se presentaron en Norma con disparidad de juicios por parte del público. En 1973, Joan agregó otra obra a su incipiente repertorio: Die Fledermaus de Johann Strauss. Al año siguiente le tocó el turno a Esclarmonde de Massenet, uno de sus éxitos más señalados. En 1975 se atrevió con la Leonora de Il Trovatore ante ese público propicio, junto a Pavarotti y Obratzsova. El terreno de la opereta se amplió en 1980 cuando agregó la Adele de Die Fledermaus en San Diego para compartir el escenario y alternar los roles protagónicos con Beverly Sills, quien se despedía de la escena. Dame Joan, ya ennoblecida por Isabel II, fue a su patria en 1965 para recoger merecidos laureles en espectáculos organizados por el veterano J.C. Williamson. Las obras elegidas fueron Lucia di Lammermoor, La Sonnabula, La Traviata y Faust, esta última dedicada a la memoria de Nellie Melba. Los éxitos australianos fueron continuos hasta su retiro y fue asidua participante en las temporadas de la nueva Opera de Sydney. Allí agregó a su lista Suor Angelica, la Elettra de Idomeneo e I Masnadieri. Entre los últimos títulos de Sutherland se encuentran Anna Bolena de Donizetti y Adriana Lecouvreur de Cilea.
La Scala de Milán la recibió en abril de 1961 como protagonista de Lucia di Lammermoor, rodeada de Gianni Raimondi y Ettore Bastianini. Poco después hizo el papel titular de Beatrice di Tenda al lado de Giuseppe Campora y Raina Kabaivanska. En ambas oportunidades fue dirigida por Antonino Votto. En mayo de 1962 participó en el elenco estelar de Les Huguenots como la reina Marguerite. Con ella estuvieron Simionato, Corelli, Ganzarolli, Cossotto, Ghiaurov y Tozzi, dirigidos por Gavazzeni. Aunque nunca fue asidua visitante de esa sala pudo presentar allí en los años siguientes algunos de sus papeles más exitosos como Donna Anna. También fue excelente protagonista de Semiramide, donde compartió cartelón y aplausos con la Simionato.
La aventura argentina de 1969 estuvo signada por la desdicha, al no estar la soprano en su mejor estado vocal y por mostrarse el público desconforme con la totalidad del “clan Bonynge”. Y si La Traviata ocasionó tumultos, la Norma que siguió tampoco fue plenamente aceptada.
En 1990 se produjo la despedida de la escena de esta soprano australiana con el papel de Marguerite de Valois en Les Huguenots de Meyerbeer. El personaje tiene poca miga pero se adecuaba de maravillas al lucimiento de Dame Joan, una gran especialista del canto ornamentado. Cuando Maria Callas daba sus últimos testimonios de Lucia di Lammermoor en 1959, esa ópera iba a catapultar a la fama a Sutherland en el Covent Garden, su teatro de adopción desde octubre de 1952. Ese espectáculo vio el nacimiento de una gran diva de la ópera que dejó atrás la carrera de comprimaria y el repertorio errático. Para los amantes de la pirotecnia vocal fue el éxtasis. Ya no soportaban el vibrato lento y las crecientes dificultades vocales de Callas y Sutherland vino a colmarlos de dicha. Para los que se habían criado al amparo de los discos de Maria esa llegada fue menos apreciada ya que junto a las virtudes antes expuestas aparecía un canto aburrido, pésima dicción y, sobre todo, un regreso a las Lucias “estilo Lily Pons”. En suma, un gran paso atrás.
Pero las aprensiones de algunos no iban a impedir a Joan encaminar un irreversible triunfo en casi todos los horizontes. No era buena actriz y su figura dejaba que desear, pero los sobreagudos espectaculares, la técnica impresionante, el timbre plateado e inconfundible y la firme musicalidad concretaron el milagro de esa brillante trayectoria. En 1954 se casó con el pianista Richard Bonynge, que tuvo fundamental importancia en su carrera. No sólo fue su casi exclusivo director en los últimos treinta años sino también su preparador musical durante el período de formación y la persona que con visión y constancia la empujó hacia el repertorio de coloratura. Este terreno tenía uno de sus puntos máximos en las óperas de Haendel donde Joan fue una intérprete insuperable. El convertirse casi compulsivamente en director-marido de una diva fulgurante lo expuso a críticas implacables, debido a la imposición de la soprano-esposa en sus contratos. Sin embargo, su desempeño estuvo a buen nivel. Bonynge es un profesional con antecedentes musicológicos de envergadura los que se notan en el resultado de sus grabaciones y actuaciones.
A partir de 1970 la voz de Sutherland se engrosó sin perder virtuosismo y el nivel de sus grabaciones se elevó. Una década después comenzó a advertirse cierta pesadez en las agilidades, cortedad de la zona superior y regresó al canto gutural y borroso. A cambio, hizo felices incursiones en el terreno de la opereta con Die Fledermaus y Die Lustige Witwe (La viuda alegre). Su intento de convertirse en soprano absoluta, que había evitado durante años, tuvo más puntos bajos que logros legítimos. El principal mérito de Sutherland y Bonynge fue continuar la senda de Callas en la restitución del Bel canto al estilo de los orígenes, con dominio de la coloratura, el trino y el fraseo spianato. De tan ilustre contemporánea y antecesora no poseyó en cambio el carisma, el sentido teatral y el don de dar a ciertas heroínas (Norma, Anna Bolena, Amina, Lucia) el acertado color vocal.

Fuente:
Patrón Marchand, Miguel – CALLAS y 99 CONTEMPORÁNEOS

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